viernes, 26 de julio de 2013

Itinerante y misteriosa



Comentario de
 Marcela Gamberini para Tiempo Argentino


 Elijo Paraísos, la excelente novela de Havilio por varias cuestiones.  Porque su protagonista, una mujer sin nombre, es una desclasada, itinerante, misteriosa, gélida criatura. Porque lo que no se cuenta es tan importante como lo que se cuenta, cifrando la novela en los silencios, en las fisuras, en las fugas hacia atrás. Porque los paraísos escasean en un mundo urbano, feroz, violento. Porque los personajes, todos, tienen una mitad animal, voraz, irracional, irreconocible, conformando un elenco que se mueve entre espacios alucinados y reales; pensiones, edificios ocupados, zoológicos. Porque Iosi Havilio cree profundamente en la narración y ofrece una novela que como la ciudad, invita a su recorrido, inquieta, sorprende; una ciudad conocida y real, tangible y tortuosa. Havilio se recorta del universo de la literatura argentina contemporánea porque cuenta de un modo único y personal este presente tan inestable, tan urgente, tan veloz. Paraísos pone en escena casi cinematográficamente la experiencia extraña y a la vez cotidiana de injertarse en una ciudad que, como la literatura misma, nos es ajena y a la vez nos pertenece.

viernes, 19 de julio de 2013

Paraísos a la intemperie


Paco Bescós reseña Paraísos para Sur Urbano
A lo largo de este año, se ha hablado mucho de la novela Intemperie, de Jesús Carrasco. Se ha discutido si estaba llamada a convertirse en referente de la narrativa en castellano de la segunda década del siglo. Resultaría hipócrita ignorar las claras influencias de la también archidifundida La carretera, de Cormack MacCarthy, en Intemperie, aunque sólo se traten de influencias temáticas: un niño y un adulto vagando en un entorno brutalmente hostil que luchan por su supervivencia, con la indefensión en la soledad como hilo conductor para personajes y reflexiones.
Entre una y otra, a la mayoría de nosotros se nos pasó por alto la magnífica Paraísos, de Iosi Havilio (Buenos Aires, 1974), una continuación de la serie que comenzó con su primera novela Opendoor. Aun siendoParaísos, al contrario que las anteriores, una obra de corte minoritario, resulta más adecuada (a pesar de posibles peros) como candidata a referente narrativo de una literatura actual.
Paraísos cuenta la historia de una mujer que de la noche a la mañana se queda viuda y en la calle. Debe cuidar de su hijo de cuatro años. Con él, regresa a una ciudad que se le hace extraña y hostil. Deberá sobrevivir en este entorno, viviendo en una casa de okupas, aceptando trabajos para los que no está capacitada y relacionándose con personas poco fiables.
El parecido con las dos novelas más arriba mencionadas se encuentra en la lograda sensación de desamparo que Havilio transmite a través esa madre incapaz de predecir qué será de ella, ni de su hijo, al día siguiente. Sensación que se traduce en un incómodo desasosiego para el lector, que comparte un continuo presentimiento de peligro con la protagonista.
La diferencia radica en que Iosi Havilio nos enseña que no es necesaria una distopía para establecer un escenario distópico. No hace falta olor a gasolina quemada, teniendo el motor diesel de los colectivos. No hace falta un océano cubierto de ceniza, existiendo parques repletos de basura y ratas. No hacen falta caníbales, cuando la amenaza se halla en uno mismo y en sus propias debilidades. No hacen falta, en definitiva, holocaustos nucleares pudiendo disponer de la ciudad actual: este planeta, este siglo. Aquí, hasta los frutos de un árbol que se llama paraíso pueden provocarte la muerte.
Del mismo modo, tampoco parece necesario involucionar hasta un pasado rural y bárbaro en el que el hambre y las costumbres hacen que se tambalee la condición humana. El mundo es hostil tal cual es. Las amenazas de la sociedad moderna prevalecen, muy reales. Proyectarlas a ningún otro mundo supone un ejercicio estéril, ya tenemos este mundo. La indefensión, la certeza de la soledad y de que la vida no está garantizada, y de que morirás sin que nadie te sujete la mano, por algún motivo absurdo y carente de trascendencia, se nos antoja algo tan propio del hoy como del ayer.
“Primero bordeamos una larguísima cuadra, que en realidad deben ser cuatro o cinco juntas contra la cáscara de una construcción derruida, antiguos depósitos que los carteles prometen convertir en algo deslumbrante y futurista.” 
Tanto en Intemperie como en La carretera los personajes escapan de peligros muy concretos producidos por la situación extraordinaria que viven y que afecta a todo lo contenido en sus universos. En Paraísos, sin embargo, no hay enemigo ni situación extraordinaria, por tanto no hay de quién defenderse ni ruta de huída. Sólo existe posibilidad de adaptación. Una adaptación indolente, resignada. En este universo, no hay personajes inconformistas; lo raro es hallar alguno que alberguen grandes sueños, como el pequeño Herbert, que quiere ser jugador de fútbol profesional. Todos los demás tienen suficiente con vivir. Han visto demasiado.
“Como Iris apenas puede mantenerse en pie, la que termina llevando a Simón la mayor parte del tiempo soy yo, y si la espalda al principio parecía que se me quebraba, me voy adaptando y esa puntada molesta entre las costillas se vuelve una parte más del cuerpo. Como todo, pasada la novedad, las cosas dejan de doler o alegrar.” 
En esta ciudad que retrata Iosi Havilio a base de enumerar detalles mínimos, lo kafkiano abandona el sentido metafórico para convertirse en una observación objetiva, hiperrealista. La casa ocupada, como las excéntricas posadas de El Castillo,  pero tan auténtica. El hospital, como las dependencias del ministerio de justicia en El Proceso, pero tan fácil de reconocer.
“A mi lado, sobre la mesa de luz, hay un busto de Jesús muy colorido, también una cruz de bronce, dos pastilleros compartimentados, pilas de cajas de medicamentos en grácil equilibrio y un celular viejo con la pantalla quebrada.”
Estos escenarios, situaciones y personajes, solo pueden ser descritos por un ojo narrativo desnudo, carente de juicios morales. Sin posibilidad de evolución ni aprendizaje. Un personaje principal, una madre sin nombre, que va aceptando, que asiente a todo. Que nada aprende, sólo se adapta, como el musgo. Del mismo modo, el lector aprende a no juzgar a tal protagonista. La fuerza de las circunstancias resulta tan poderosa que acaba con cualquier reproche.
“Como Iris apenas puede mantenerse en pie, la que termina llevando a Simón la mayor parte del tiempo soy yo, y si la espalda al principio parecía que se me quebraba, me voy adaptando y esa puntada molesta entre las costillas se vuelve una parte más del cuerpo. Como todo, pasada la novedad, las cosas dejan de doler o alegrar.” 
Bárbara y distópica. Pero actual y verosímil. Así es Paraísos, de Iosi Havilio. Donde las personas se someten a este extraño mundo real, sin que haya necesidad de imaginar nada peor para ellas.

sábado, 13 de julio de 2013

2:33


El lector anónimo de The Lazy Review of Books tarda dos horas treinta y tres minutos en leer Opendoor y lo comenta en el blog.


Apologies for the delay. Given the season, I've been busy trawling the jobsites in a grimly stoical humour worthy, I think, of The Old Man and the Sea, and then applying, an activity I'm quite sure you don't want to hear any more about. So it's been hectic, and, frankly, quite miserable. It was cheering, therefore, to unexpectedly receive Open Door in the post, via a friend who subscribes to And Other Stories. And Other Stories is quite excellent, and makes me feel rather less desperate about the demise of publishing. Or even, on a good day, faintly positive.  


Instead, the reader is fully immersed in the world of the protagonist - right down to the flaked-pastry texture of her partner's skin - and almost blinded by this closeness. Havilio dispenses with space and distance, leaving the reader marooned in a dreamlike world of the unexplained and the unconnected. Through this strange perspective he captures, to a quite remarkable degree, the unpredictability and instability of lived experience. And what's more the touch is light. This isn't purple prose; it's clear and uncluttered, an efficient foil for the many opacities of the novel. This matter-of-factness adds a necessary naturalness to some of the odder scenarios Havilio presents, which helps to check any sense of calculated strangeness. With this naturalness comes a surprising readability; Open Door is in many ways a disconcerting, but never a taxing read. 


domingo, 7 de julio de 2013

Modernos


Aquí el audio a la entrevista en Radio Colmena junto a la troupe de Nunca Fuimos Modernos. Por Nela Regazzoni, Diego Banfi y Julio César Estravis Barcala.

En la primera parte nos visitó Iosi Havilio, uno de los mejores escritores de los últimos años. Arrancó leyendo un cuento. Iosi publicó tres novelas: Opendoor (Entropía, 2006), Estocolmo (Mondadori, 2010) y Paraísos (Mondadori, 2012). Hablamos de la construcción de personajes y de cómo ellos existen más que el autor.

lunes, 24 de junio de 2013

About risking


Sophie Lewis, una de las responsables de esta increíble y arriesgada aventura llamada And Other Stories habla acerca de los primeros dos años de la editorial y le dedica unas líneas a Opendoor:

Finally, we asked Sophie to select a single title from the publisher’s incredible list that she was personally most proud of having published.

“Open Door, by Iosi Havilio. With some of our books, it’s been obvious to me that anyone in their right minds should want to publish them. With this one, it was much more a personal chiming – and at the same time, a greater risk. This book has mystified and even turned off quite a few readers. It has equally found a certain community of readers who understand what it is about – and it is oblique, strange, Durassian, for my taste – for whom it is an important step forward in literature.”

 
El resto, por aquí.

martes, 18 de junio de 2013

Ya te conté



Imágenes integradas 3

Local de Liga de Fomento de Punta del Este
Rambla Claudio Williman - Parada 1
VIERNES 21 DE JUNIO: 

20h | Lecturas
                                 20:30h | "Ojos de videotape" (mesa redonda) Entre el cine y la literatura. 
Hablan: Álvaro Buela (Uru.), Laura Santullo (Uru.) y Iosi Havilio (Arg.)
Modera: Déborah Rostán
21:30h | "Polvo de estrellas" (mesa redonda). El sexo en la literatura rioplatense. 
Hablan: Gabriela Bejerman (Arg.), Hoski (Uru.) y Roberto Echavarren (Uru.)
Modera. Débora Quiring

SÁBADO 22 DE JUNIO
16h | Feria del libro de editoriales uruguayas y argentinas. 
17h | Lecturas

18h | 
"Me gusta estar al lado del camino" (mesa redonda). Centros y márgenes.
Hablan: Roberto Appratto (Uru.), Damián González Bertollino (Uru.) y Selva Almada (Arg.)
Modera: Diego Recoba 
19h | "Un mundo sin gloria" (mesa redonda). Periodismo y literatura.Hablan: Soledad Platero (Uru.), Sonia Budassi (Arg.) y Cristian Alarcón (Chi.)
Modera: Denisse Ferré
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

Más información en: www.yateconte.com

viernes, 14 de junio de 2013

Modos de narrar


Pablo Jauralde Pou escribe en su blog alrededor de Opendoor, Paraísos, 
Chirbes y Chejfec.

Ahora que tanto se habla de la disolución de la novela, percibo quizá con mayor nitidez el arte de nuevos y nuevos modos de narrar –nunca totalmente nuevos, claro, siempre nos movemos en el ámbito de la narración– que atraen, inquietan y, desde luego, satisfacen al impenitente lector en las playas, las última horas del día –mesita de noche–, viajero de avión o tren.... Quiero ejemplificarlo en tres modos narrativos, sutilmente renovados, que encuentro en tres novelas de ahora (publicadas este año) por escritores, dos de ellos argentinos y el tercero español.

Y lo que leo en ellos podría analizarse ortodoxamente, desde la teoría del género, concediendo siempre que la literatura no son las matemáticas y que la realidad se define mejor sin definirse, entiéndase, sin cuadricular, sino como lugar de conceptos que flotan y varían. ¿Cuándo aprenderemos eso?

En el primero de los casos, que es una secuencia de dos novelas, de argumento enlazado, casi como una primera y segunda parte, el lector se encuentra con una narración de hilo argumental bajo, de intriga casi nula, narrado por la protagonista. Otras muchas carencias podrían indicarse de modo nuevamente teórico; pero la lupa no acaba por descubrir tantas anomalías que expliquen el peculiar sabor de la novela. ¿Por qué?

Porque la materia narrada, lo que constituye el texto de esas páginas, se ha seleccionado de modo continuo y peculiar, hasta el punto de que termina por configurar un estilo que crea el hábito del lector. La peculiaridad estriba en que la narradora cuenta fragmentos, aspectos, de su biografía, aparentemente no seleccionados –se impone el orden lineal y el tiempo sin estridencias–, de modo que podría ser desaliñado, porque va de la observación externa al sucederse objetivo, con exquisito cuidado para no profundizar en reflexiones profundas, en vaivenes sicológicos complejos, en consideraciones sobre materia lejana; y desde luego sin extraer ningún tipo de derivaciones ni conclusiones que vayan más allá de una escueta exposición de lo que está pasando. Baroja, nos dirán, y sus secuelas. Creo que es más que Baroja.
Hay algo más que ese modo de desgranar materia narrable: existe, me parece, un propósito tenaz –una voluntad de estilo– para que se pueda contar todo sin traspasar nunca los límites de la descripción; pero en esa descripción cabe la reflexión y la imaginación de la voz narradora –la protagonista–, que discurre con una pasmosa superficialidad, aunque cuando a las páginas de la novela haya llegado la muerte del compañero (Jaime), la grave enfermedad del hijo (Simón), la degradación absoluta de la vida cotidiana.... No importa, la novela sigue impeturbable su deshilvanar sucesos y enseñarnos personajes.

Las dos novelas de Iosi Havilio a las que me refiero dan mucho más de sí, desde luego; pero voy a enlazarlas ahora con otra bien distinta, también de este año, en la que ocurre casi lo contrario y que, cuando estaba pensando en esta ventana, he visto que se ha reseñado con admiración en muchos lugares. Me parece estupendo.

En efecto, es una curiosa narración que pivota sobre el encuentro de dos personajes en una situación espacio temporal muy reducida, acotada, a partir de la cual se irrradia un extraño universo interno, el de las reflexiones de los dos portagonistas, que se mueven con una parsimonia y amplitud curiosísima, que utiliza el poder de la reflexión para crear círculos de pensamiento cada vez más amplios y complejos, aunque casi nunca más profundo, si por tal entendemos la trascendencia hacia universos ideológicos de los que preocupan a la condición humana. Ese dominio de la intrascendencia a partir de la riqueza de la reflexión es probablemente lo que hipnotiza al lector. Nótese que es un movimiento hacia dentro contrapunto del que subrayábamos en las novelas de Iosi Havilio. Es el único caso en el que voy a poner un ejemplo, y eso por razones logísticas y porque es el más difícil o alejado de un exposición teórica:



La tercera modalidad parece recoger de manera más completa toda la tradición actual de la novela moderna, desde los monólos interiores hasta los diálogos insertados en variedades del relato, de manera que tanto por los cambios de pespectiva como por los juegos de variación en la voz del narrador, el punto de vista y los juegos muy logrados de estilos cambiantes el autor construye un universo casi total y –esto es lo importante– a partir de los personajes, su actuación y expresión, nunca como un narrador que mueve sus marionetas. En efecto, la gran novela de la “crisis”, En la orilla, de Rafael Chirbes, entre y sale en sus personajes y sus circunstancias de modo tan profundo como demoledor, pero en lo que son y hacen, no en lo que piensa Chirbes o un presunto lector. Añadamos que la competencia estilística de Chirbes resulta su mejor instrumento para mantenerse lejos de su credo y regular perfectamente lo que va al texto, con todos los cambios de registro que hagan falta.

sábado, 1 de junio de 2013

Snakes & Life


Hernán Galli comenta Paraísos en su blog.


Me pregunto, escrupuloso, si hay un ligamen entre esta novela y la anterior del mismo autor, Open Door. Me pregunto si atesora esa afirmación alguna diferencia, si la enaltece, la neutraliza o la obliga a otra lectura. No me contesto nada, no quiero, no me interesa. Porque volvió la misma abundancia de vacíos y pasos inútiles. La total aquiescencia de vivir de una innominada mujer que ahora tiene a su hijo.







Over.

domingo, 26 de mayo de 2013

Instrucciones de uso


Singulares paraísos
Instrucciones de uso en el zoológico de la existencia

Por José Gimenéz Corbatón para El Norte de Castilla de Valladolid 11/5/13

La protagonista de esta nueva novela de Iosi Havilio toma un baño y observa y reflexiona de este modo mientras lo hace: "A la altura de la jabonera empotrada en la pared hay una fila de azulejos no amarillos como los demás sino con figuras esmaltadas. Pájaros blancos y negros que se repiten en simetría. Los pájaros negros están junto a una jaula vacía, los blancos aparecen siempre detrás de rejas. Así toda la vuelta, negro libre, blanco enjaulado, negro libre, blanco enjaulado. Alrededor de la canilla hay dos jaulas de oro, una abierta, la otra no. Las interpretaciones son infinitas. La primero que se me ocurre es que arrojado al mundo exterior, el pájaro oscuro, antes una paloma blanca, se tiñó del color de la corrupción. Pero también podría ser que el pichón de cuervo se resguarda en su plumaje para ahuyentar los males. En cuanto al otro, símbolo de virtud y paz, lo más obvio es pensar que conserva la blancura gracias al encierro. Aunque también se podría especular que sufre un castigo por aferrarse a la falsa pureza. Una moraleja básica pero universal sería que unos y otros, libres y cautivos, fuertes y débiles, cándidos y perversos, terminan desapareciendo sin remedio. No sé".
La cita es larga, pero creo que sirve como muestra del principal mérito de 'Paraísos': resume la visión del mundo que se desprende de esta novela; y ejemplifica la construcción de una voz en presente narrativo que cautiva al lector de manera progresiva, que posee una fuerza de atracción que no requiere en momento alguno la acentuación de los recursos dramáticos ni el empleo de efectos fáciles destinados a crear expectativas o tensiones que lo mantengan en vilo. Y, en cambio, la vida cotidiana de la protagonista nos atrapa. Es cierto que parte, desde la primera página, de una circunstancia adversa, trágica en principio: el padre de su hijo, con el que vive en el campo desde hace varios años, y con el que mantiene una relación sentimental en declive, muere en un accidente de carretera más bien absurdo. Con el escaso dinero de que dispone, y su hijo de cuatro años, se dirige a la gran ciudad dispuesta a afrontar la nueva situación. Encuentra trabajo en un zoológico: los animales jugarán un papel simbólico importante a lo largo de toda la narración. La mujer preservará su independencia, sobrevivirá con tesón, de un modo paradójico: no ofreciendo resistencia a lo que el devenir cotidiano le sitúa frente a los ojos. Es un ser que toma decisiones a medida que el azar o quienes la rodean se las van ofreciendo o mostrando. Su modo de sobrevivir consiste en dejarse llevar, pero agudizando la reflexión en torno a cada paso que asume. No teme la soledad, se encuentra bien en ella. Nunca está sola en la medida en que vive en si misma. Indaga en un yo intimo que acaba resultando un 'Otro' que, camuflado, guía sus pasos: "Existe alguien que vive dentro de mí como si yo fuese su casa", medita hacia el final de la novela.
El medio en el que subsiste está poblado de marginalidad. Es una Argentina empobrecida, sumida en la crisis social y de valores: viviendas ocupadas, traficantes de drogas, una enferma desahuciada, una amiga arribista y sin escrúpulos, pero dulce, su perfecto contrapunto, del que no puede separarse, emigrantes alejados de sus raíces, seres en la frontera de la normalidad... El novelista teje un universo en el que las grandes palabras han perdido sentido, no sirven ya para orientar las vidas: ahora bien, la ayuda mutua sobrevive, la complicidad de los débiles. Nociones como solidaridad, en su boca, resultarían hueras. Pero nadie se niega a compartir la miseria, un instante de conversación, la sonrisa dificil. Una vez más son los animales los que ayudan a definir la realidad, y no precisamente los más estimados por los humanos: "Piojos, pulgas, chinches. Formas de vida, en términas planetarios, perfectamente igualables a la nuestra".
'Paraísos' es una novela muy bien escrita; su prosa requiere un esfuerzo de elaboración que el novelista ha logrado con dificil equilibrio: se trata de una voz interior coloquial, que describe el mundo a través de una lengua llana de sintaxis y voces usuales en Argentina que al lector español le sorprenderán, pero que, a mi juicio, enriquecen y suenan naturales y necesarias, pese a la extrañeza. No era fácil dar con el tono justo para contar lo extremo, como elogia la crítica Beatriz Sarlo en la solapa del libro. A mi juicio, Iosi Havilio lo ha conseguido plenamente. 'Paraísos' es una novela que trasciende el mero realismo, aunque haga uso de él. Tampoco es la crónica de una desesperanza, como en muchas de sus páginas lo hace presentir. Supone más bien la de una supervivencia: nunca sabemos lo que las relaciones humanas nos deparan: "Me cuesta creer que vaya a empezar una vida nueva", concluye la narradora a la hora de dejarnos.